La situación de partida
La empresa había crecido con información repartida entre hojas, aplicaciones y rutinas de cada departamento. Saber el estado de un pedido exigía consultar varias fuentes; compras e inventario no siempre partían del mismo dato y administración dedicaba tiempo a reconciliar movimientos.
El reto no era instalar un ERP por instalarlo, sino ordenar los procesos sin paralizar la actividad. Había que decidir qué históricos merecía la pena conservar, qué configuraciones estándar resolvían la necesidad y cómo acompañar a cada equipo en el cambio.



